lunes, 2 de marzo de 2015

El paso a la Segunda Era

En Ilpedon, el numero de guerras y conflictos importantes era muy reducido, y Kyluar hablaba más o menos periódicamente con algunos elegidos llamados "Oráculos" para trasmitir su palabra y velar por su mundo. Mientras tanto, en Universo, Raulyk se lo pasaba en grande observando a los humanos, pues disfrutaba mucho con las desgracias y los conflictos. Al contrario que Kyluar, intervino en contadas ocasiones.

Pero con el tiempo, Raulyk se cansó de Universo. Se percató de que era un mundo condenado a la destrucción a causa del comportamiento de los humanos, así que en su avaricia decidió tomar el mundo de su otra mitad. De alguna manera, se sabe que luchó y venció a Kyluar, pero este, antes de ser totalmente destruido, consiguió dividirse en cinco enormes cristales que se enviaron al mundo terrenal de Ilpedon, con la orden de que fueran protegidos a toda costa y jamás usados por nadie.

Raulyk no podía tomar Ilpedon sin haber eliminado a Kyluar, debido a la norma que Ello impuso al crear el segundo mundo "Un mundo, un dios". Por lo tanto, no tenía poder ninguno sobre las tierras de su otra mitad. Lo que hizo fue aprovechar uno de los poderes que Kyluar había dado a los habitantes de Ilpedon, la capacidad de crear portales entre ambos mundos. Era un poder que con el tiempo y bajo el buen consejo del dios luminoso había quedado en desuso, pero que en el pasado había estado en el poder de los más poderosos hechiceros. Kyluar creó en Universo dos nuevas y poderosas razas, los Ashij y Orcos (consultar las entradas correspondientes), y a ambos los envió a través de portales a Ilpedon para que tomaran los cristales para él. La batalla fue sangrienta. Los Ashij y los Orcos, aunque tenían la capacidad de usar magia al igual que los habitantes de Ilpedon, no eran muy diestros en ese arte debido a su reciente creación y al poco conocimiento en la materia de su dios. Pero sin embargo, poseían muchísimos conocimientos y avances bélicos que su dios había aprendido al observar a los humanos de Universo (que en esos momentos se encontraban en lo que estudiamos como Alta Edad Media). Por contra, en Ilpedon, a pesar de que sus habitantes eran poderosos y muchos conocían bien la magia, no estaba enfocada a penas hacia la guerra; y su capacidad bélica era mucho más reducida dada la escasedad de conflictos sufridos a lo largo de su Historia.

Fue llamada la Guerra de los Dioses, y su relato será detallado en otra entrada.

El resultado de la guerra fue que los cristales terminaron uniéndose de nuevo, volviendo a aparecer el dios Kyluar. Raulyk volvió a vencerlo, y esta vez, como último recurso, Kyluar optó por fusionarse con su otra mitad. Nadie sabe en que consiste ni como se lleva a cabo tal proceso. El echo es que lo consiguió. Y las consecuencias fueron cuanto menos inesperadas. Una gran onda divina, de poder destructivo y creativo, se liberó. Era una manifestación de todos los sentimientos, pesnamientos, e ideas de ambas partes de Ello, sus proyectos y sus deseos. Fue una ínfima parte de esta especie de onda (si es que se le puede llamar así) la que llegó a Ilpedon, pero aún así produjo enormes cambios.

Para empezar, la topografía cambió. Aparecieron montañas, se empantanaron bosques, surgieron islas... todo en unos instantes. Pero fue lo menos grave. A causa de ciertos sucesos que toman lugar durante la Guerra de los Dioses, Raulyk acuñó un enorme odio contra los Feéricos, y esto se tradujo en que tras fusión de los dioses, desaparecieron todos los miembros de esta raza de Ilpedon. Además, aparecieron dos nuevas razas, posiblemente proyectos de alguno de los dioses. Surgieron los Tritones, los Zoheg, los Ángeles y los Gigantes. Y, por supuesto, se rompió para siempre el vínculo que unía ambos mundos. Desapareció el Destino y Universo e Ilpedon dejaron de guardar paralelismo respecto a sus almas.

A partir de este momento, Ilpedon entró en la denominada Segunda Era.

El comienzo de esta era fue una época de mucha confusión. Las nuevas razas se asentaron en distintas zonas, y lo mismo hicieron los Orcos y Ashij supervivientes. Nadie sabe como exactamente, pero las nuevas razas ya tenían formadas sus sociedades primitivas, sus lenguas, y un nivel tecnológico y cultural mas o menos similar al del resto. Fue todo muy extraño. Además, los Oráculos perdieron para siempre su contacto con los dioses, y desprovistos de su consejo, los habitantes de Ilpedon (tanto los nuevos como los viejos) se vieron sumidos en  montones de conflictos, siendo los más abundantes por aquel entonces las guerras territoriales.

Pero el tiempo fue pasando, y tras cientos o incluso miles de años, Ilpedon se recuperó. Se fueron estableciendo distintas comunidades y reinos según las razas, y las Historia continuó ahora con más libertad que nuca. 

Por otro lado, jamás se supo de que ocurrió con Ello. Algunos dicen que se debieron de crear infinidad de mundos tras la Unión (así se llamó al momento en el que se fusionaron Kyluar y Raulyk), y que debe de estar observándolos, uno por uno, buscando un nuevo entretenimiento. Ese es posiblemente el mejor razonamiento para los simples mortales. Pero, como ya he dicho en otra ocasión, es una explicación que se queda corta frente a la complejidad de un dios

No hay comentarios:

Publicar un comentario