Lahalia, la última feérica. Ella fue el hada de la que el Dios Oscuro Raulyk se enamoró cuando bajó a Ilpedon en la Primera Era, en forma de humano, para explorarlo. Tuvieron una aventura, y fruto de esta nació Neherius. Tras el paso a la Segunda Era, Lahalia fue la única de su raza que sobrevivió, nadie sabe el porqué con certeza. Por alguna razón, se convirtió en inmortal, y crió a su hijo en secreto, escondiéndose ambos de las miradas del resto de Ilpedon. Neherius creció, siendo un semi-feérico, y el hijo de un dios. Tras alcanzar la madurez, su cuerpo paro de envejecer, y resultó ser inmortal al igual que su madre. Ambos vivieron una vida de viajes y secretismo, durante muchísimos años, felices.
Pero llegó el momento en el que Neherius fue verdaderamente consciente de su pasado, de su origen, y del poder que encerraba. Fue entonces cuando se separó de su madre, y comenzó a reunir seguidores para la que sería Orkashaj, una organización cuyo objetivo era el mundo. Muchos de sus integrantes eran descendientes de los Oráculos Oscuros, que fueron aquellos que comenzaron a oír la voz de Raulyk en lugar de la de Kyluar.
Con el tiempo, Orkashaj ganó mucho poder, y Lahalia tuvo que reunir a una serie de aventureros, que la ayudaron a destruirla, y a matar a su propio hijo. Tras esto, ella se convirtió en Cronista, y la paz volvió a Ilpedon, pero solo durante algún tiempo.
Varios años más tarde, el verdadero plan de Neherius comenzó a dar sus frutos y a salir a la luz, incluso tras su muerte. No buscaba dominar Ilpedon, si no destruirlo... con un objetivo. Orkashaj no era más que la punta del iceberg del mal que acechaba al mundo. La verdadera organzación criminal tenía un nombre tan simple como directo: Enemigo Oculto, E.O. El papel de esta macro-organización, con varias divisiones más allá de Orkashaj (los Moldeadores de Carne, los Subyugadores de Almas...), era crear el caos, tanto como pudieran, para desatar un antiguo sistema de control instaurado por Ello, el dios primigenio, al crear el mundo. Este sistema se llamaba Volnavut, y según las antiguas escrituras, era un ser indestructible, escondido en las entrañas de la tierra, que despertaría cuando la entropía del mundo alcanzara límites desmesurados, con la única misión de devorar y destruir. Un nuevo comienzo, un reseteo. Neherius, y E.O., estaban convencidos de que de esta forma, activando Volnavut y creando caos, llamarían la atención de los dioses. Durante toda la Segunda Era, Ilpedon había sido un mundo sin dios, los Oráculos ya no oían su voz. En el fondo, era la pataleta de un niño que nunca tuvo un padre, formando alboroto para que este le echara cuenta. Solo que en este caso, el padre en cuestión era un dios.
Varios años más tarde, el verdadero plan de Neherius comenzó a dar sus frutos y a salir a la luz, incluso tras su muerte. No buscaba dominar Ilpedon, si no destruirlo... con un objetivo. Orkashaj no era más que la punta del iceberg del mal que acechaba al mundo. La verdadera organzación criminal tenía un nombre tan simple como directo: Enemigo Oculto, E.O. El papel de esta macro-organización, con varias divisiones más allá de Orkashaj (los Moldeadores de Carne, los Subyugadores de Almas...), era crear el caos, tanto como pudieran, para desatar un antiguo sistema de control instaurado por Ello, el dios primigenio, al crear el mundo. Este sistema se llamaba Volnavut, y según las antiguas escrituras, era un ser indestructible, escondido en las entrañas de la tierra, que despertaría cuando la entropía del mundo alcanzara límites desmesurados, con la única misión de devorar y destruir. Un nuevo comienzo, un reseteo. Neherius, y E.O., estaban convencidos de que de esta forma, activando Volnavut y creando caos, llamarían la atención de los dioses. Durante toda la Segunda Era, Ilpedon había sido un mundo sin dios, los Oráculos ya no oían su voz. En el fondo, era la pataleta de un niño que nunca tuvo un padre, formando alboroto para que este le echara cuenta. Solo que en este caso, el padre en cuestión era un dios.
De nuevo, héroes se alzaron contra el mal, y lucharon contra E.O. y contra su líder, la Sombra de Neherius (no se mata a un semidios tan fácilmente). Hubo guerra, y a pesar de sus esfuerzos, y tras la muerte de Lahalia, Volnavut despertó. Sin embargo, solo tuvo tiempo de cobrarse una víctima, que fue precisamente la Sombra. Tras devorarlo, un ente, una especie de nave de colores y formas extrañas, apareció cubriendo gran parte del cielo de Ilpedon, destruyendo en el acto al ser que acababa de despertar con algún tipo de rayo. Una voz extraña, indescriptible, resonó en la mente de todos los habitantes de este mundo. Decía ser el verdadero Volnavut. Tras la unión de Raulyk y Kyluar en el final de la Primera Era, Ello volvió a existir, y abandonó tanto Ilpedon como Universo para formar nuevos mundos. Y, además, según la voz, también creo un nuevo y mejorado sistema para supervisar los distintos mundos que creara, el nuevo Volnavut. Su cometido era el mismo, pero lo llevaba a cabo de manera consciente e inteligente. Decidió dar una última oportunidad a Ilpedon. Dio poderes nuevos, poderes psíquicos, antes inexistentes en este mundo, a diferentes personas elegidas. Deberían usarlos para traer de nuevo el orden, de la manera que les pareciera oportuna. Por contra, si volvía a detectar unos niveles de caos tan enormes, volvería y acabarían con todo. Como última acción, unificó la mayoría de planos de existencia de Ilpedon, para reducir el caos. Acto seguido, Volnavut se fue, dejando a sus Elegidos al mando de un mundo sumido en el caos absoluto.
Así comenzó la Tercera Era.
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